domingo, 6 de mayo de 2018

El Vigilante


Un guardia de vigilancia de un edificio en construcción de un lugar apartado pasa por varios misterios, todos muy ricos en curiosidad por saber a qué se debe cada situación. En el edificio se ha hallado un muerto en una camioneta y la policía pide declaraciones a los 2 guardias del día, uno del turno de la mañana y otro de la noche. Nuestro guardia de vigilancia y protagonista, Salvador (Leonardo Alonso), es un tipo muy sencillo y está en situaciones que parecen muy complejas de descifrar. El guion y la dirección del mexicano Diego Ros dan gran juego a quebrarnos la cabeza con pocos elementos, genera mucha imaginación.

La elipsis del dinero juega un papel trascendental en el misterio y el suspenso, tanto como elementos imaginativos como el poder, los negocios turbios, los engranajes del noir. Hay una maqueta con la que el vigilante medita cogiendo la figura de plástico de un guardián, una pequeña pieza solitaria en un mundo enorme, complicado, como la llegada del vigilante al trabajo en la apertura del filme.

Pero aunque Diego Ros pudo dar respuestas más nubladas, más ambiguas, como para dejar pensando por las soluciones al público, y se ve que cabía tranquilamente la posibilidad, porque previamente explica las situaciones de forma muy tenue, al final opta por dar las respuestas con diafanidad, y no por ello deja de ser una buena película, bien urdida y resuelta, sobre todo porque las respuestas llegan al último minuto, lógicamente, cuando ya hemos disfrutado bastante pensando e imaginando mil situaciones.

Las respuestas son muy sencillas, pero lo que las precede es poderoso. Todo es sospechoso, entre los vigilantes hay una interactuación muy jugosa. Hugo (Ari Gallegos), el otro vigilante, es muy frontal, dice que no con facilidad y le da la contra con firmeza a Salvador, que es un tipo más dócil, también porque en la noche de los misterios Salvador tiene una cita importante y quiere irse lo más pronto posible, pero el deber y la continua novedad lo mantiene atado.

La propuesta de Diego Ros tiene varios momentos de sorpresa, ingeniosos, también su flujo de miedo cuando se revela un asesino y quien ve el peligro con claridad debe pensar rápido durante ese momento. Hay pocos personajes pero cada uno brinda algo especial al conjunto, hay personajes que sueltan respuestas/soluciones al vuelo, unas fáciles de coger, otras pueden pasar desapercibidas. También hay acciones que se conjugan, hacen click.

El filme es muy bueno manejando sus situaciones de misterio. Es un filme que opta por ser más humilde de lo que en principio parece, pero es notable en cada manejo. Cuando conozcamos más a Salvador formaremos ideas sobre él y seguramente pensemos en la alienación que produce la sociedad, no sólo la mexicana. Salvador es también un enigma en el juego de las figuras. Salvador es un típico mexicano.

La trama tiene algunos giros, piensas algo, lo meditas un rato, luego el filme te lo aclara sin dificultades, es una obra que opta por dirigirse a un público sencillo, pero aun así no da nada barato ni vulgar, sino aplica su ingenio a crear un cine amable pero valioso. Hay muchas mentiras en el ambiente, mucha hipocresía, todo lo que colinda con la muerte, con el crimen, algunas son mentiras chiquitas, actos corruptos mínimos, pero dan para imaginar muchísimo. Es un filme que no decepciona, pero que es pequeño. También una notable ópera prima.