martes, 17 de octubre de 2017

Your name (Kimi no na wa)

Your name (2016) es una película muy popular, un éxito histórico de taquilla en Japón, dirigida por Makoto Shinkai, y tiene los mejores elementos cinematográficos de su cine, mística, una historia de amor, superstición, folclore nipón y ciencia ficción. El filme arranca algo complicado de entender; una chica se toca los senos y grita, su nombre es Mitsuha y vive con su abuela y su hermana menor. Esto a la media hora de metraje se explicará directamente. Mitsuha se aburre en su pequeño pueblo, Itomori, y cómo que pide un deseo, quiere ser un chico guapo viviendo en Tokio y, sin más, eso es lo que presenciamos. Ella se mete en el cuerpo de Taki, y Taki en el de Mitsuha, de esto los gritos, al descubrir Taki que de la nada es una mujer; y viceversa, Mitsuha se sonroja al descubrir el órgano masculino. Esto se ha visto muchas veces en el cine, aunque siempre es divertido, pero lo que agrega al filme en esta parte es que el genial Shinkai tiene un sentido del humor fino y gusta de la tradición japonesa.

Your name tiene mucho de la mística y las creencias populares de su país, a cada gran suceso se le asigna un nombre y argumentación nipón, pero la superficie siempre es amable y simpática, y fácil vernos todos retratados, Shinkai maneja una buena universalización sin perder la identidad, hace una buena combinación, un buen cine comercial con autoría. El filme versa en su primera parte sobre el intercambio físico entre Taki y Mitsuha, ella sobre todo es beneficiosa para la vida de Taki que es un poco retraído aunque buen muchacho. En su trabajo hay una beldad que a todos aturde, y es cuando el invisible Taki muestra un lado femenino, sensible (cuando Mitsuha es él), que la enamora, pero en el trayecto el verdadero amor surgirá, ese que no ve sólo aspecto físico, sino lo que llena la personalidad, actitud, espontaneidad, nobleza, alegría, inteligencia y el desarrollo de virtudes. Como demuestra su filmografía Shinkai sabe movilizar muy bien los afectos, hacerlos próximos y empáticos, y entregarnos una bella historia romántica, dentro de un aire relajado y con cierto humor.

En la segunda parte surge la ciencia ficción, cuando Taki de pronto se pregunta por Mitsuha, y empieza una nueva historia, y viajamos en el tiempo, 3 años adelante y vamos atrás, un cometa amenaza con destruir una parte de Itomori y matar a mucha gente. Empieza la aventura, y se mezcla con la tradición, lo místico y legendario. Interviene uno de los primeros sakes de Japón, que es bastante curioso, se fermenta a base de saliva humana, se llama kuchikamisake. La abuela también agrega historias, y hace mención de que en su familia siempre han existido esos sueños raros que tiene Mitsuha (cambiar de cuerpo). Entra a tallar el musubi, que quiere decir conexión, y es sentirse unido a varias cosas de forma trascendental, esto incluye el amor, la muerte, la religión, la cultura. Después tenemos el kakuriyo, que es el ultramundo y el trasmundo, el portal en la tierra hacia donde descansan los muertos. Idéntico a quien prepara una deliciosa cena, todo se mezcla y se reúne en otra dimensión, como en un limbo. Para ello Shinkai maneja sin ciertos preámbulos los tiempos y sucesos, le da ritmo y vertiginosidad a su historia, sorpresa, novedad, originalidad.

En medio yace siempre la relación de amor, apelando al romance por circunstancias especiales y fantásticas de aferrarse a no olvidar el nombre del amor tras entregarse a la aventura reconstitutiva del ser amado. La ciencia ficción y el folclore danzan de la mano. La tercera parte son estados de ánimo, sensibilidad, rodeos y melancolía, vuelve a manipularse el tiempo y de forma veloz pero coherente. Si en la primera parte se impone el humor, en la última es puro romance y poesía, aunque tampoco muy distendida. Ya no se puede vivir sin algo que no se sabe que es, pero abarca toda nuestra existencia.

La segunda parte es la verdadera imaginación y sustancia del filme, pero se complementa bien todo el conjunto, la primera parte genera el vínculo, finalmente una forma curiosa de profundizar en alguien (que incluye bastante respeto por el otro género), meterse literalmente en su piel, en su mundo, sin grandilocuencia, todo de lo más sencillo y general (como cuando Mitsuha lamenta no tener cafés en Itomori, sólo una máquina). También el desastre se dibuja con arte (no es lineal, la ciencia ficción en ello da mucho juego), hay más de una recreación de lo mismo, posibilidades, una notable construcción hasta armar la figura y termine el clímax, el armagedón en varios sentidos. 

sábado, 14 de octubre de 2017

Lover for a day (L'amant d'un jour)

Una jovencita, Jeanne (Esther Garrel, hija del director), pelea con su enamorado, rompe su relación, y se va de su apartamento, sin no tener a donde ir va donde su padre, Gilles (Éric Caravaca) que vive con una muchacha, Ariane (Louise Chevillotte). Mientras Jeanne detesta la vida y se haya muy desolada sin el hombre que ama, Ariane ve la vida con mucha libertad y promiscuidad, engaña a Gilles con amantes de un día, como indica el título. El director Philippe Garrel se mueve como pez en el agua en las complejidades de las relaciones amorosas, la temática de sus películas. Suele ser muy relajado en su exposición; Gilles es profesor de filosofía pero sus respuestas son muy sencillas, como el filme.

Hay un manejo interesante de cómo nos relacionamos, de cómo se presentan distintas miradas y cómo éstas se complican cuando se interrelacionan, producto de que las personas están en diferentes momentos en sus vidas. Gilles quiere una relación seria y antes ha sido liberal con las mujeres, les ha sido infiel, y puede que le toque como karma ahora sufrir lo que antes fue e hizo él. Ariane está en una etapa de no limitar su ánimo sexual, si quiere algo lo busca, pero tiene una relación formal, sólo que cree que no debería afectarse por su decisión de acostarse por sexo a la vez con otros. Ariane quiere las dos cosas, y aunque está consciente de que no es viable, igual lo practica, lo cree normal, pero, claro, lo guarda en secreto.

Hay dos líneas narrativas en el filme, dos lugares de profundización de las relaciones amorosas. En la otra, Jeanne ama con locura a un único hombre y éste sin mayor importancia la ha echado de su hogar. Jeanne valora mucho lo que tenía, aunque en un inicio fue dura con su amor. Ella está tan deprimida que llama a su reciente ex pareja y no habla en el teléfono, espera un especie de milagro de reconciliación, que el hombre recapacite. Garrel no nos dice exactamente a qué se debe la ruptura, pero se entiende que en muchos los afectos son volubles, un día quieres y otro no, o te hartas de aquella persona sin que haya algo grave de por medio, es así de simple y a la vez insoportable el existir, como se ve en Jeanne, que aunque luce una mujer hermosa en muchas capas y leal sufre por desamor.

Como unión narrativa de los casos está la relación de Jeanne y su padre, y ambos argumentos se relacionan, hablan entre sí, pasando porque el tema central es la fidelidad y el amor entregado. Es un filme en blanco y negro, muy cálido y amable, entretenido, como son los filmes de Philippe Garrel, que ausculta y piensa sin ínfulas sino como una persona como uno, una que genera empatía, su sabiduría viene de ese lugar, de identificar y hablar como muchos; pero sin ser demasiado conservador ve en la madurez de las personas. Existe un compromiso. Esto puede sonar algo contrario al uso, cuando la liberalidad y permisividad impera en los discursos, pero se entienden sus argumentos. Jeanne es ese catalizador, porque a pesar de que ama a su padre no delata a Ariane en su sensualidad con otros ni con los desnudos, y es que al querer a Ariane, Garrel también quiere a la liberalidad, pero son etapas y consentimientos. 

El seductor (The Beguiled)

Contextualizada en la guerra civil americana, un soldado del norte es encontrado por una niña del sur, ella pertenece a una escuela de señoritas, que está casi vacía, y al verlo herido de una pierna el puñado de mujeres de la escuela deciden curarlo primero antes de entregarlo, pero terminan resguardándolo. La escuela la dirige Miss Martha (Nicole Kidman) y sólo le queda una profesora, algo tímida, Edwina (Kirsten Dunst); con ellas hay 5 alumnas, la que más se hará notar es la que interpreta Elle Fanning.

El filme de Sofia Coppola se basa en la novela de Thomas P. Cullinan y el guion también ha corrido a su cargo; otro filme que también adapta la misma novela es el de Don Siegel del año 1971, es bueno traerlo a colación porque viendo las 2 películas uno puede apreciar la diferencia entre hacer una película osada, ambigua e inteligente y otra sosa, naif y cuidadosa. El seductor (2017), de Sofia Coppola, está bien, tiene oficio, es muy limpio y entretiene, pero por lo mismo le falta audacia, riesgo, es bastante bonito. O sea, es demasiado plano y austero como narrativa, aunque estéticamente impecable.

El filme de Don Siegel se prestaba para varias interpretaciones, era ambiguo con muchos de sus protagonistas; tanto el cabo McBurney (Clint Eastwood) como Miss Martha (Geraldine Page) tenían de corruptos, uno sexualmente y por violencia, la otra por incesto. Pero tienen también un lado simpático o noble aun así. El McBurney de Siegel es muy racional y normal, imperfecto; Coppola añade muy buenos diálogos eso sí, las conversaciones entre su cabo McBurney (Colin Farrell) y su Miss Martha son muy cáusticos y jugosos.

En el filme de Siegel hay más aventuras y suspenso también, incluso el final muy parecido entre ambos en la película de 1971 tiene un matiz macabro, cruel e irónico, en la de Coppola es sólo un hecho, un momento muerto. La personificación de la chiquilla sensual que hace Fanning tampoco presenta mucha vida o matices, la que hace en cambio Jo Ann Harris tiene de rebelde, de pícara y de malvada. El problema es cómo expone Coppola los momentos, muy simples, muy limpios, hasta rápidos, y se ve que está todo muy calculado y embellecido, pero carece de existencia, de mayor espontaneidad, luce muy artificial. La cara de Geraldine Page está como nerviosa, igual la profesora Edwina que hace Elizabeth Hartman, están algo sudadas; Hartman es un poco unidimensional en su performance, es una mujer retraída y apocada, desconfía de los hombres como ella misma dice, pero más tarde con los sucesos que trae el vínculo con el avispado personaje de Eastwood toma vuelo, se vuelve más abierta a otras realidades, la humillación, el perdón, enfrenta los puntos flacos del mundo.

Lo que hace Dunst como Edwina está escogido al mínimo, no trata de ser tan lenta y temerosa como el personaje de Hartmann, lo cual está bien, pero no aporta casi nada en su lugar, salvo una escena sexual muy bien trabajada, muy lógica, y ese es otro problema en el filme de Sofía Coppola, curiosamente cuanto más coherente en general menos película, menos interesante. Y es que todo es demasiado sencillo, está simplificado en exceso, dejando únicamente un esqueleto narrativo ciertamente entretenido, pero de empobrecida argumentación y proyección. La mejor parte del filme de Coppola es cuando Farrell despierta tras la caída de las escaleras y lanza unos alaridos de sorpresa -justificados- que parecen humor negro.

Coppola carga las tintas con la religión, haciendo de las mujeres unas devotas, pero luego se trastoca esto con una facilidad inaudita. Se magnifica la situación de peligro, en un ataque de feminismo extremo, o vulgar, que el mal está despierto y hay que hacerse cargo. Pero se diluye mucho la malicia de la sexualidad que en Siegel late virtuosa en todas partes. 

lunes, 2 de octubre de 2017

A Ghost Story

Ésta película trata de un fantasma, del lugar común más inocente al respecto, un hombre (Casey Affleck) muere, exactamente a los 13 minutos de comenzada la película, y no se va a ninguna parte, no decide cruzar la puerta de luz hacia se supone que el cielo, y se queda  en la tierra cómo una sábana con 2 agujeros por ojos. Sale de la morgue y camina así de sencillo hacia su hogar donde su gran amor (Rooney Mara) sufre horriblemente su pérdida y se come un pie de manzana frente a nosotros por 5 minutos, es decir, en tiempo real. Es el momento melancólico Jeanne Dielman (1975) más la patata/papa de The Turin horse (2011).

Ese hombre, ahora tan sólo una sábana con 2 agujeros, nuestro protagonista, se dedicará a observar en silencio qué viene después de su muerte en su mundo perdido. El filme tiene un centro muy cautivante; no es ninguna película de terror aun con elementos suyos. La película es primero la observación del vacío que le ha dejado éste hombre a su amada y como su figura se va difuminando y va surgiendo su olvido. La propuesta logra trascender su simplicidad, su estado mínimo y su “artificioso” inicio, el que huele a imitación de cine arte minoritario, se siente un poco forzado. El filme maneja muy bien la especulación y el lugar común sobre los fantasmas, presenta en su última parte viajes en el tiempo, ciclos de vida, algo de reencarnación, cuentas pendientes, patrones. Ese hombre se fue temprano y abruptamente y presenciamos su camino para conseguir la paz.

Tener a éste tipo de protagonista en manos del director David Lowery, el mismo director de la maravillosa Ain't Them Bodies Saints (2013), no es un acto de irreverencia, como inicialmente lo es Frank (2014) por mencionar una película con similitudes, aunque sí una curiosidad y audacia, pero terminan siendo películas más profundas de lo que uno creyó en principio. El filme como con Rooney Mara y sus sublimes y sugerentes silencios reflexivos en Ain´t Them… se moverá a través de ellos con su fantasma, que se enoja, se frustra y sufre sin poder hablar, pero debe aceptar la muerte. Un personaje de "relleno" lanza un largo monólogo sobre que nada trasciende al final porque todo se terminará olvidando, perdiéndose, destruyendo, a raíz de si no existiera Dios, en quien Lowery cree.

El filme escoge como razón del mundo al amor, el vínculo íntimo y humilde es la trascendencia. No lo pomposo, grandilocuente, la fama, la inmortalidad, ni siquiera el arte. El filme es un hermoso cuento romántico, mucho dolor y una aventura mística para sanar. La historia del filme y la solución son muy básicas, incluyendo la manipulación de la información temática. Lo distintivo es el empaque, la forma de contarlo. Tenemos un inicio lento, pero una fragmentación (detallismo) que se hace interesante al revisarle más tarde; poco diálogo y mucha observación, pero con ritmo y fuerza escénica; un largo monólogo (lógicamente) autosuficiente y algo pedante, pero que luego queda poéticamente contrastado, respondido; mucho “rodeo” -algo confuso- por el final,  efervescente, siempre novedoso y sobre todo justificado, lo que hace de éste filme uno bien engranado, donde brilla personalidad. Además, Lowery suele continuar e inspirarse donde la mayoría pone el final.

domingo, 1 de octubre de 2017

¡Madre! (Mother!)

Una mujer hacendosa, una mujer dedicada a su hogar y a su marido, interpretada por Jennifer Lawrence, desea tener un hijo y reparar la vieja y enorme casa que tienen; su marido (Javier Bardem) es un escritor sin inspiración hace buen tiempo y se siente decaído. Un día un fanático (Ed Harris) llega sin invitación a su casa y el personaje de Bardem –que no tiene nombre en la película- hambriento de celebridad y reconocimiento lo hace su huésped. El invitado incomoda a la madre –así solamente se le conoce al personaje de Lawrence- y esto irá en aumento, y se desbordará –hasta lo inimaginable, fantasioso y artístico- en un estado de frenesí y locura propio de una pesadilla; llegará más tarde su esposa (Michelle Pfeiffer) y sus 2 hijos adultos. La madre –Lawrence- sólo quiere una vida apacible, humilde y familiar, y la gente le mortifica, pero su marido es un hombre que ansía lo público y su deseo invadirá a su mujer que sufrirá la fama y popularidad del escritor que vuelve a saltar a la palestra.

En un inicio el filme es sutil, la pareja de huéspedes generan pequeños fastidios, son conchudos/frescos, mientras tanto ella toma algo para controlarse, siempre está a punto de caer en una crisis (el filme maneja mucha tensión). Esto, desde luego, no es nada, para lo que nos tiene preparado más adelante el director, Darren Aronofsky. Tras un incidente de violencia fortuito, en realidad todo sucede como una explosión, lleno de absurdo, vuelve la calma. Pero esto dura muy poco tiempo, Aronofsky vuelve a encender la llama de la intranquilidad de Lawrence. Regresan a la casa los huéspedes. En la segunda parte del filme Aronofsky se dice, vamos por más, vamos con todo, y estalla el pandemónium.

El filme se transforma en una invasión absoluta, en una muchedumbre destruyendo la casa, la que literalmente sangra y late (y representa a la madre naturaleza, maltrecha por el hombre); en una fiesta tipo rave o como en una intervención de la policía especial contra secuestradores, en un saqueo, en un culto de fanáticos paganos enardecidos. Esto entretiene, todo resulta muy loco. Pero Lawrence con lo que sucede yace pasando las de Caín, todo se concentra en su emotividad, frustración, en su desesperación. El filme a ésta altura genera reacciones distintas, por un lado todo ese desborde tiene hasta de gracioso, pero la histeria que rodea al personaje de Lawrence encrespa, fastidia. 

La propuesta de Aronofsky se vuelve muy cruel y sádica con la madre, pero si uno conoce la filmografía de éste director sabe que no es nada nuevo en su tipo de cine (Aronofsky suele apretar sin pena ni contemplaciones). La madre pasa por tremendo, intenso y largo tormento, es todo un tour de force para su actriz protagonista y pareja (para generar un pequeño cristal, una ofrenda surgida en el sacrificio, malagradecido), producto de ser dejada de lado por su marido, el que se aboca a su egocentrismo y tiene de muy básico.

Se da una crítica a la popularidad, hacia el creador obnubilado –que deja de lado a su familia y a la paz e intimidad de su existencia- y hacia el fan ciego de pasión animalizado, intrusivo e inclusive peligroso. Lo que vemos es sólo la exageración de éstos patrones (el terror, digamos); que muera gente sin mayores justificaciones (una editora disparándole a la gente, Kristen Wiig), o que el contexto parezca como el de una turba enloquecida por un día de suculentas ofertas es sólo la montaña rusa cayendo hacia el precipicio, diversión pura y dura.  

martes, 26 de septiembre de 2017

Come drink with me, Dragon Gate Inn y A touch of Zen

Son tres películas míticas de artes marciales chinas, espadachines y de época, en China es un género en sí llamado wuxia, pertenecientes al chino King Hu, tres películas que sentaron las bases del cine de acción marcial de su país como renovación, expansión y popularidad.

Come drink with me (1966)

Tiene como heroína a la guerrera conocida como Golondrina de oro (Cheng Pei-Pei; la que más tarde haría de Zorra de Jade, la antagonista ambigua en Crouching Tiger, Hidden Dragon, 2000) y en segundo plano como su guardián secreto a un maestro de kung fu que se hace pasar por vagabundo y alcohólico apodado Gato borracho (Yueh Hua). La trama es sencilla y emocionante como buena cinta de acción.

Unos bandidos han secuestrado al hijo de una importante figura política para intercambiarlo por el líder de su banda que yace preso. Éste es el pretexto del filme para rivalizar, pero es innegociable porque el gobierno no accede a intercambios y envía a Golondrina de oro a rescatarlo. Con tan sólo esto vemos variedad de enfrentamientos donde la protagonista muestra toda su habilidad de pelea, especialmente con armas (cuchillos, dardos, espadas).

El filme no tiene una lógica estricta marcial, los combates tienden a exagerar, pero se ven excelentes las coreografías así, imponiendo mítica y pegándose a la historia, más que buscar la destreza real. Es un lugar para magnificar a los personajes y perpetrarlos como parte de un cuento. El filme es un sólido entretenimiento, con su ligereza argumental, vital y sus continuos ataques y contrataques, sobre todo porque la grandilocuencia no viene por la fluidez, rapidez y coherencia de los golpes, sino por la construcción en cuanto a la sobredimensión de habilidades en el combate, plenamente justificados en su propia visualidad y libertad.

La trama muestra a Golondrina de oro yendo de frente contra los bandidos cuando entra a sentarse en un restaurante-posada donde ellos suelen hallarse, toma un cuarto en el lugar, y más tarde los sigue hasta su escondite, un templo budista. Los bandidos que son un ejército quedan plenamente dibujados cuando matan a un niño fisgón. El filme saca un as de la manga con una sub-trama bien avanzado el metraje, con el hermano mayor de Gato borracho –hermano mayor que lo recogió, pero es un traidor y ambicioso- que es el gran reto final de combate de la propuesta. Gato borracho impone alegría, poética, humor, música y simpatía también, anda con un coro de niños y tiende a cantar. Lo curioso es que los artistas marciales principales se ven bien comunes, pero pelean como los más fieros. El filme crea su entero mundo fantástico. La ambientación y la vestimenta también son muy loables.

Dragon Gate Inn (1967)

Película que es algo más compleja que su antecesora, tiene más giros, más escapes para seguir con la acción. Ésta vez se trata de una zona dominada por un gobernante eunuco que tiene a su banda de guerreros tras los pasos de una dinastía que rivaliza por quien gobernará y quiere destruirlos. La ambición de poder y control hace que el eunuco en jefe mande a sus mercenarios a matar a los hijos de su contrincante político. Pero en el camino salen maestros marciales a defenderlos. Estos parecen gente casual y en un inicio como en un tipo de comedia -slapstick- parecen enfrentarse sin ton ni son a los malvados, pero aunque surgen infinidad de peleas y conspiraciones, para matar inocentes y entrometidos, el filme luego expresa motivos. El eje es simple, salvar la dinastía en peligro y vencer al eunuco y su banda de guerreros.

Xiao (Shi Juan) es el protagonista más importante, tiene mucho carisma y se ve bien ligero, pero como él mismo responde las apariencias engañan. Tiene a flor de piel el humor, pero pelea con grave destreza, frescura y cierta vanidad. Xiao es un lobo solitario, al que le han pagado, pero va más allá y se siente comprometido con la causa de los hijos del general Yu. Es un héroe en toda cabalidad, aunque de lo más sencillo y funcional, no tiene background alguno, y no pelea sólo, tiene su pequeño grupo de aliados, unidos por fervor a la misma causa.

El filme se presta sobre todo para combatir, hay infinidad de luchas impresionantes, pero lo hace con preámbulos donde hay sarcasmo, juego, suspenso, diálogos absurdos y jugosos, mucha gracia y picardía. El filme no sólo se aboca a pelear aunque tiene una trama muy práctica y esquemática, pero la estructura para generar pequeños pretextos de encuentros -acción, choque- es de suma elaboración y audacia. Hay una soberbia puesta en escena, como un uso del exterior natural maravilloso; toda una preparación y rodeos in situ para luego generar las esperadas y aclamadas luchas.

El contexto central es la posada Dragon Gate donde perro, gato y pericote se esconden, se preparan y se encuentran para pelear. En el arranque del filme son presentados los guerreros enemigos principales, pero al final poco importa sus nombres, sino que den muchas batallas, en ello la propuesta mantiene la tensión hasta el último minuto. Tsai Ming-liang le haría un homenaje a ésta película, pero a su estilo, con la maravillosa Goodbye, Dragon Inn (2003), centrada en una vieja sala de cine donde se está viendo éste famoso wuxia.

A touch of Zen (1971)

Ésta película dura unas 3 horas aproximadamente y es la película más famosa de King Hu y la que más trabajo y tiempo le demandó, tomó 3 años terminarla. El filme tiene la curiosidad que uno de los pilares del filme es el actor Shi Juan, como Ku Shen Chai, pero aquí no sabe artes marciales, es sólo un dibujante que vive con su madre que para fastidiándolo de solterón. No obstante más tarde se mostrará como un eximio estratega militar, cuando quiera salvar a una fugitiva, Yang Hui-ching (Hsu Feng), que es maestra de kung fu y sobre todo con la espada.

El filme demora 55 minutos en presentar su primera pelea marcial, antes maneja el misterio con un extraño visitante, además de que juega un poco con el terror con un fuerte encantado. Los malvados están liderados por el eunuco Wei y la cámara del este (sus agentes policiales), que quieren matar a Yang porque su padre delató al eunuco de corrupto. Ku y Yang tienen una escena romántica muy bella e interesante y queda unido a ella para siempre, aunque Yang es una mujer ruda y autosuficiente, es ella la que se enfrenta a espadazos con los asesinos, pero esa noche cae en brazos del que menos uno esperaría, un hombre débil físicamente, pero muy inteligente, honorable y valiente.

Yang además tiene a su lado gente leal de su padre que yacen de encubierto y son los que pelean hombro a hombro, cuerpo a cuerpo. Estos se enfrentan a los distintos mandos de la cámara del este que la buscan. No faltaran peleas muy vistosas, intensas y exigentes, pero igualmente será necesaria la inteligencia y sensibilidad de Ku, lo sobrenatural y la fe. Enfrentan la especial dificultad con el capitán Ouyang Nin que parece invencible y, después, al comandante Hsu Hsien-Chen, que es el doble de diestro que el capitán y más cáustico. El filme es un canto de mítica, personajes de un grato atractivo visual, en un empaque llano y transparente, valiéndose de un súper entretenimiento.

Otra participación determinante en el conjunto es la del abad Hui Yuan (Roy Chiao), líder de un grupo de monjes budistas y el que aunque aparece en pocas oportunidades brinda un aire místico y trascendental al filme, aparte de que ejecuta el llamado golpe del toque zen, un golpe espectacular dentro de un poderoso clímax. El filme finaliza artístico, desbocado, un poco extraño (pero entendible) y muy libre, lo mismo imitaría la genial y popular Crouching Tiger, Hidden Dragon -en mucha menor valía como colofón, pero se podría decir que por más tiempo, a partir del vagabundear descubierto de Jen Yu, la bella Zhang Ziyi-. A touch of Zen es una obra magistral e hito del séptimo arte. 

viernes, 22 de septiembre de 2017

Dragonfly Eyes

Una chica llamada Qing Ting (significa dragonfly, libélula) deja un templo budista donde iba a ser monja, pasa a trabajar a una fábrica lechera, luego a una tintorería donde una cliente de dinero hace que la expulsen, para eso todo el tiempo ha entablado amistad y más con Ken Fan, el hombre se entera del despido y se venga de la mujer, perpetra vandalismo y va a la cárcel. Qing Ting se hace cirugía y se transforma en celebridad de chat en línea, antes es camarera en un restaurante cosmopolita. Ken Fan sale de la cárcel y se convierte en Qing Ting.

A grandes rasgos ésta es toda la trama de la película que suena bastante extravagante, pero tiene aún más curiosidad porque está hecha íntegramente con las imágenes tomadas por cámaras de seguridad; es mediante la técnica del found footage que se reinterpreta la abundancia de lo compilado y el director chino Xu Bing en su debut cinematográfico fabula una historia arbitraria, propia, imaginativa, novedosa y también entretenida. Xu Bing tiene su debut con más de 60 años de edad, pero es un reputado artista, conocido por sus instalaciones artísticas y por ser catedrático en Estados Unidos y China.

Sus 2 protagonistas, una pareja de enamorados, él mucho más que ella, perviven en el rostro de las miles de caras que pasan por las cámaras de vigilancia con los que se logra plena continuidad narrativa; tomadas las personas a distancia, y en una estética no muy nítida pero no sucia, la especificidad se confunde y toma normalidad y credibilidad, pero ya lo dice una conversación de la trama que expresa que los seres humanos son como las vacas, se creen distintivos pero son todos muy parecidos, proyectando el experimento incluso frente a la dificultad de manejar lo físico, pero que Xu Bing lo hace ver muy fácil y bien articulado.

Dragonfly Eyes (ojos de libélula) hace clara referencia a las cámaras de vigilancia, a los miles de ojos artificiales que se posan sobre nuestra vida diaria y ordinaria, aunque también hay momentos donde brilla lo espectacular. Xu Bing hace uso de la grabación de suicidios también para darle forma a su trama, pero lo hace sin polémica, sino muy suavemente, las imágenes se perciben discretas. El filme hace uso de buenos símiles como con fenómenos naturales y grandes explosiones producto de accidentes de naturaleza grandilocuente para retratar emociones altisonantes. Es medio show las vidas tanto de Qing Ting como la de Ken Fan, buscan salirse de lo habitual de la existencia, lo cual llega a ser nefasto y epifánico. El filme termina donde comienza, tras atravesar lo mundano, la violencia y lo banal, la naturaleza humana (que critica), regresa a lo místico, a lo íntimo y frugal.

La historia puede verse a ratos no tan efectiva producto de que no todo encaja con las imágenes de las cámaras de vigilancia, pero en general es un uso audaz y eficiente, además de que sí contiene una historia, decente, al menos, aunque ligera y marcada, por las imágenes que son mucho como explosiones, sobre todo en momentos claves, provocando intensidad narrativa. Es mucho un viaje de fuertes emociones, con imágenes que impactan, pero que no son morbosas, pero se percibe cierta locura del mundo. Tiene también momentos muertos, que se ven muy funcionales o apenas aprueban o nos son indiferentes y por otro lado otros que son hasta muy simpáticos (el baile y coreografía en el restaurante). La película de Xu Bing tiene de película de espías con la vigilancia computarizada y algo quizá de Matrix (1999). Dragonfly Eyes (2017) se hizo merecedora del fipresci en el festival de cine de Locarno 2017.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Certain Women

El cine minimalista y de lo cotidiano, de lo pequeño y sutil, de la directora indie Kelly Reichardt adapta 3 cuentos de su compatriota la escritora Maile Meloy. En la primera historia Laura Dern es la abogada Laura Wells, mujer solitaria que tiene un affaire con un hombre casado. Tras el encuentro sexual, mimos femeninos y mucha despreocupación, ella se topa con un terco cliente, Fuller (un estupendo, muy natural, Jared Harris), que necesita dinero para curar consecuencias de un golpe que tuvo en el trabajo, pero le han dicho que no tiene chance de demandar a su empresa. El hombre no entiende y le sigue exigiendo ayuda a la abogada. El problema termina con una acción desesperada, poco inteligente. En la segunda historia una pareja de esposos –interpretados por James Le Gros y Michelle Williams- quieren la arenisca –rocas- de un amigo suyo para construir su casa; el hombre en cuestión, un anciano, sintiendo el paso del tiempo luce melancólico entregando lo que desean. En la tercera historia, la mejor del grupo, una joven cuidadora de caballos (Lily Gladstone) siente fuegos artificiales por una muchacha profesora nocturna de derecho (Kristen Stewart) que descubre casualmente al pasar por su lugar de trabajo. Ambas traban amistad y se suelen reunir terminada la clase a comer en un restaurante. Luego de la cena y la conversación la profesora debe manejar 4 horas de regreso a su hogar, y la cuidadora volver a su solitaria y humilde labor.

En la primera historia Fuller pasa de un hombre insoportable para Laura a un tipo con virtudes; de un ser extremo –impotente con su problema de salud; problema que más tarde nadie recordará- a un hombre coherente y simpático. Fuller brilla hasta en lo romántico. Caer bien hondo extrañamente lo recupera. En ese sentido las historias pueden ser bastante ligeras pero nunca malas. Éste relato hace hincapié en las apariencias, en conocer más a las personas. Fuller se describe tonto en un momento importante, pero sensible y muy humano y eso seduce a Laura. El resto es una elipsis matrimonial, al punto que uno puede imaginar escucharlos hablar de ésta anécdota –la primera historia- como un recuerdo muy romántico.

En la segunda historia un marido sintiéndose culpable pero mostrándose muy autosuficiente trata de contentar a su mujer (Williams), la que muestra carácter. La película es todo un canto femenino; en ésta realización la mirada les pertenece a las damas, pero dan cabida a pensar el comportamiento masculino (ante ellas). La talentosa Michelle Williams en su personaje también muestra sensibilidad, y no se enfoca -en principio- en el hombre que tiene al lado, sino medita la tristeza, soledad y silencio del anciano. Pero la vida es difícil y tiene ciclos. Otra lectura, con el marido que no es un personaje maniqueo (aunque simple), pero está más pegado al tipo poco empático a fin de cuentas, es que deben lidiar con la felicidad de su matrimonio, se entiende distanciamiento e indiferencia, de esto que la arenisca –sumada una hija típica, de espíritu rebelde- sea tan sugerente.

En la tercera historia todo es más emocional, solo que medio secreto, se vive mucha intensidad y sentimiento –aunque no es que exista mucha acción, todo es muy romántico, pero estando pegados a la realidad, a la timidez y a la personalidad sencilla y práctica- con aquellos encuentros que tienen de seducción silenciosa pero muy sugerente (escuchar, mirar atentamente con ojos embobados, mostrar una sonrisa perenne), viéndose a través de los detalles; preocuparse por la persona, no por la clase; plantear algo tierno y curioso, pero muy lógico y simbólico; y ya cuando la fuerza de amar –de mirar- surge gigante llega el arrebato y la pasión mayúscula –sin contacto físico sexual o alguno amoroso-.

El filme puede verse muy poco para un ojo distraído, enérgico o demasiado fijo en lo espectacular, pero las historias beben de los detalles y aunque no se trata de mucha argumentación sí de una gran proyección, de la potencia de lo esencial y diáfano. Es la fuerza además de la imagen, con momentos claves, pero delicados. 

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Mrs. Fang

Leopardo de oro, máximo premio del festival de cine de Locarno 2017, documental dirigido por el cineasta chino Wang Bing. Una mujer de 67 años sufre de Alzheimer hace más de 5 años y ahora está en la peor fase, yace casi inmóvil postrada en una cama, la boca la tiene entreabierta con los dientes a la vista y los ojos se encuentran fijos lagrimeando a ratos, se mueve apenas, no habla, está como en otro mundo, está muy próxima al estado vegetal, su nombre es Fang Xiuying, y el documental de Wang Bing pone la cámara a ver su último trance en el mundo, hacia su cercana muerte. El documental la retrata junto a su amplia familia –en especial con sus 2 hijos, hombre y mujer- que la están cuidando, en un lugar estrecho y humilde en la villa de Maihui, en la provincia de Zhejiang.

El filme simplemente documenta la pasividad de la mujer y el ajetreo y preocupación de los muchos visitantes a su alrededor –quizá también porque es la forma china de hablar-. La cámara se mete en la intimidad y en la tragedia de la enfermedad, Fang no se ve tranquila, su expresión es tensa, el filme la desnuda en un momento muy personal, y uno siente que invade su vida. El documental no apela al sentimentalismo, trata con la dureza y no pretende la ternura, las imágenes son sencillas pero fuertes.

Ver el estado de la señora Fang es incómodo, uno puede sentir como si ella nos dijera con su fija dolida expresión que nos vayamos, que no la miremos. Es como un alegato de sufrimiento, de un lugar sin solución y más bien demora en terminar. La familia discute de temas de sus vidas privadas, poco importa, la imagen de Fang lo abarca todo en este momento.

La señora Fang no necesita hacer nada, pero conmociona al espectador, y no es producto de violencia visual, el filme como máximo solo se fija en el rostro de la mujer, y no en sus necesidades fisiológicas cubiertas por su familia. Pero cuando vemos que le dan agua y ella casi se ahoga sabemos que el filme pudo ser mucho más explícito y mostrar una cara aún mucho más terrible para nuestra observación, aun cuando el filme está muy despojado.  

La propuesta presenta desahogo, en especial con la vista de la búsqueda de alimentación rural de los allegados de la señora Fang, cuando practican la pesca eléctrica y la cámara sigue hasta en tiempo real una larga caminata tras ésta labor. La pesca eléctrica se repite hasta en tres oportunidades ante nuestros ojos y es la misma monotonía que refleja los últimos días de la protagonista, de la que muy poco sabemos, y se ve bastante humilde, aunque lógicamente la muerte y su proximidad es culpable de quitarnos prácticamente todo.

El tema de la muerte que maneja Wang Bing es todo lo opuesto al espectáculo y a contar historias, es algo tan desprovisto de grandilocuencia y fantasía que acabada la película te quedas compartiendo el silencio con aquel cuerpo pasivo que hemos visto por tanto tiempo sin cambio llamativo. Es el tipo de vida que no solemos tener presente y más abunda; es el momento en que no pensamos y al que todos enfrentamos. 

martes, 19 de septiembre de 2017

Evolution

La directora de la película, la francesa Lucile Hadzihalilovic, esposa del polémico director Gaspar Noé, con quien ha colaborado en algún guion y edición, no podía entregar una propuesta convencional, por lo que atribuye poder simpatizar con su filme a lo sensorial en lugar de comprender una historia, y se pierde de ser harto más seductora, porque contiene buen material con el que tenía para crear una historia solvente y más interesante; rara y llamativa, pero justificable, a un grado que se hile, al menos. No obstante se aprecian algunos parámetros para conformar una historia, como contener un comienzo y un final novelesco, pero que en conjunto queda en ciernes, porque en realidad no hay mucho debajo y la experiencia se presta inferior.

En el filme de Hadzihalilovic vemos una isla con niños -sólo varones- dominados por unas falsas y frías madres que arguyendo enfermedad –inducida por ellas, como con el elixir que les dan- los trasladan rápidamente a un hospital lúgubre y de mal aspecto donde experimentan con ellos; en este lugar hay una fuerte relación con la concepción, a partir de los propios niños, los ya crecidos; ésta es la evolución que señala el título, pero que arguye una involución, claro, está, fuera de lo evidente, partiendo del rapto y el formateo.

Se ven prácticas cada vez más inexplicables y extravagantes que flirtean con la corrupción, siempre a un paso de la trasgresión, aunque la directora nunca llega a cumplir dicha amenaza –esto se aminora más bien en su composición- o no se capta en todo esplendor, pero a uno lo tiene en vilo, en el terror, paladeando que toda la experimentación tiene del género, que se plasma en el body horror, donde brilla finalmente más la ciencia ficción y cierta cordura –contenerse- o algo parecido.

Ésta corrupción incluye el asesinato de niños, como señala el muerto hallado en el fondo del mar con extrañas marcas que remiten a la estrella de mar (por ende a la experimentación), del que habla el pequeño protagonista. También tenemos a la pedofilia, velada y distorsionada en la experimentación, pero que al final con la relación con la enfermera (Roxane Duran) queda libre de cortapisas, sólo que resuelta bajo menor polémica, por el tiempo de los sucesos y por los hechos en sí; vemos un beso como un disparo, un ahogo simbólico –una recapitulación hasta la elección de lo correcto- y un amor primerizo, de aprendizaje y compasión, veloz como el chasquido de dedos, a través de lo tentativo, pero en última instancia platónico, mientras lo de los bebés inoculados o extraídos de los niños se siente medio absurdo, pero intriga.

La ambigüedad y el esbozo tienen su belleza. Lucile Hadzihalilovic crea un buen filme, por una construcción estética y un tono brillante que señalan personalidad, pero imaginemos que tuviera una historia tan potente y seductora argumentalmente como la de La Isla del Doctor Moreau de la que la directora ha declarado beber, estaríamos ante una obra maestra del séptimo arte, y el tono y la estética son tan poderosos que ésta meta no sonaba lejana.